jueves, 7 de julio de 2011

De cinéfilo a cinéfago

Descubrí el término no hace mucho: 'cinéfago'. Es una palabra que viene a sustituir al 'cinéfilo' clásico, es decir, el amante del cine, por un amante del cine en versión 2.0, mejor dicho, en versión posmoderna, ecléctica y ausente de prejuicios. La idea simplificada sería que ser cinéfilo define degustar los platos más exquisitos del cine clásico, disfrutar con las interpretaciones de los mejores actores y aplaudir las obras más destacadas de los directores que configuran el 'canon' de la creatividad, del arte y del buen gusto en el cine.

Pero la posmodernidad (o ya casi habría que hablar de pos-posmodernidad) se empeña en ponerle nombre a todo, en intentar buscar diferencias y en definirse y nos regala el nuevo término: 'cinéfago'. Persona que adora y disfruta el cine, pero no entendido como una escala de valores, si no como un inabarcable menú de platos en el que un día te puede apetecer un clásico de los años 20 y al día siguiente una película de serie B de los 70. Aquí está la cinefagia: en la mezcla, la variedad, el no avergonzarse por ver unas determinadas películas. En definitiva, cambia la mirada. Pues bien, soy cinéfago.


Esta entrada (la primera de julio, me da que este verano no voy a estar demasiado activo en el blog) la escribo en el momento adecuado, porque esta noche acabo de hacer un experimento cinéfago. Llevaba meses con ganas de hacerla y llegó la noche adecuada para ver, en este orden, 'El séptimo sello', de Ingmar Bergman, y 'Los bingueros', de Mariano Ozores. Sin duda verlas en el orden inverso habría sido casi otra experiencia diferente. Nada que ver en todos los órdenes: la época (una es de 1957 y otra de 1979), la nacionalidad (sueca y española), el estilo, la forma de narrar, los personajes, la música... Nada de nada.

'El séptimo sello' es el cine con mayúsculas para el cinéfilo. Es un cine que te hace pensar, reflexionar, nada menos que sobre la idea de la muerte. Tiene gran calidad estética y narrativa, contiene imágenes que forman parte ya de la historia del cine (el juego de ajedrez entre el caballero y la muerte) y la he disfrutado muchísimo, a muchos planos y con gran intensidad. Nada que ver por supuesto con 'Los bingueros', que es frívola, casposa y difícilmente pasaría hoy el examen de lo 'políticamente correcto'. Pero una aspira a ser otra y otra se conforma con ser un producto de mero entrenimiento. Las dos son cine y el cinéfago tiene que intentar aprovechar lo que pueda extraer de cada experiencia, sea a un nivel narrativo, formativo, cultural o meramente estético. Os invito a 'cinefagear', como en la música o en la gastronomía, unos días nos apetece una hamburguesa y otros probamos un gazpacho de mango.

¡Viva el cine, feliz verano amigos lectores!

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