lunes, 16 de enero de 2012

Tres Colores: Azul, Blanco y Rojo

La Trilogía 'Tres Colores' del director polaco Krzysztof Kieslowski es uno de los monumentos cinematográficos de finales del pasado siglo XX. Una reflexión profunda, hermosa y bella sobre la condición humana, un relato existencial y emocional que habla sobre muchos temas, como la pérdida, el amor, la autorrealización, la justicia, el vacío o el azar. Gran éxito en el que la imagen expresa perfectamente la idea que quiere transmitir el director, en el que ningún plano es baladí, todo aporta información. Una ópera en tres partes en la que, como hacen los grandes y los que tienen respeto por su arte, el director trata al espectador como un ser adulto, no le hace concesiones y le estimula a forzar su atención y agudizar su sensibilidad ante lo que vamos a ver.



Azul es el arranque de la trilogía y simboliza la libertad, el primero de los tres valores tradicionales de la bandera francesa. Una mujer de clase media-alta pierde a su marido, un prestigioso compositor francés, y a su hija en un accidente de tráfico. Su primera reacción consiste en un intento de suicidio. Pero no quiere. Debe seguir viviendo. En esta fantástica película, quizás la de mayor belleza estética de las tres, vamos a acompañarla en su nueva vida, en la que descubrirá mucho sobre su marido, sobre el mundo y sobre sí misma. Profunda, sublima, trágica, intensa y con una invitación a la libertad más pura y básica, la esencial: la libertad de poder vivir la propia vida de cada uno.


Blanco es la segunda pieza de este tríptico fílmico y trata sobre la igualdad. Para mí quizás la más ligera, aunque sigue buceando en las partes más profundas y básicas que constituyen al ser humano. Esta película comienza con un emigrante polaco en París, que se divorcia de su esposa porque es impotente. Sin dinero, sin trabajo, sin futuro y sin esperanza, conoce a un paisano y emprende el camino de regreso a su país. También le esperan enormes cambios vitales y profesionales para darse cuenta, al final, de que quizás quería lo mismo. Con predominio de tonos blancos, como los hermosos paisajes de la nieve, es un puente estético y personal entre la obra polaca y la francesa del director. También contiene profundas reflexiones. Crítica, humanista, ligera, a veces ácida y con una invitación a la igualdad: a la lucha individual para, pese a todas las barreras políticas, sociales, raciales, psicológicas y emocionales que nos iremos encontrando a lo largo de la vida, ser iguales a los demás.

Con Rojo se cierra la trilogía en la película que cuenta una historia independiente, pero que también nos da la clave final de la trilogía y nos cuenta qué ha pasado con los personajes que hemos seguido. Aquí no hay largos viajes ni huidas de vidas anteriores, si no el encuentro de dos personajes, que pueden ser en parte perfectos ejemplos de la sociedad contemporánea. Una joven modelo, bondadosa y solitaria, contacta con un juez retirado que, al final de sus días, se dedica a espiar a sus vecinos. La relación entre ellos se irá consolidando y descubriremos que todo el andamiaje intelectual que le sostuvo en su carrera como juez se empieza a tambalear. Al final encontramos la empatía, el ponerse en el lugar del otro. El mundo que aparece en la trilogía de Kieslowski es un mundo complejo, en el que todos vamos incorporando demasiadas obligaciones y miedos a nuestras vidas, que nos acaban pasando factura. Sólida, impactante, metafórica, vibrante y una invitación a la fraternidad, que para mí en la versión actualizada vendría a ser la empatía, la solidaridad. Ponernos en el lugar del otro.

Monumento al cine y a la vida, extraordinarios 'Tres colores' a los que espero volver en próximos visionados, en otras circunstancias y momentos de mi vida. El gran cine, como toda la obra de arte de calidad, no se agota, siempre nos descubre nuevas caras y a veces, en un plano, en un diálogo, en un rostro, en un silencio hasta sirve para que nos conozcamos mejor a nosotros mismos.

1 comentario:

  1. Un universo creado en colores como símbolos universales, una unidad , en serie que nos muestra que capacidad tenemos de formar sociedad, entre nuestros intentos básicos y las reglas sociales, es así como Krzysztof Kieślowski, desde un punto existencialista nos muestra la filosofía de los cambios de paradigma de el final del siglo XX, luego de la caída del muro de Berlin, la incidencia de las comunicaciones, casi 100 años de la invención del cine y una naciente U€.

    Desde la mirada de Luis construimos una notable apreciación estetica.

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